La Unión del Apostolado Católico

 

Asociación Pública Internacional de Derecho Pontificio

Decreto de la Santa Sede Protocolo 1330/03/5-61/A-74

Personería jurídica 236 / 2

Resolución 1454 / 2007 del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto

Zapiola 302 – 1424 Turdera PBA – República Argentina

 

 
 

La misión salvífica de Cristo continúa

 

En cada época Dios enriquece a hombres y mujeres con carismas del Espíritu Santo para continuar la misión salvífica de Cristo para el bien de los hombres y la edificación de la Iglesia. San Vicente Pallotti (1795–1850) pertenece al número de aquellos a quienes Dios enriqueció con sus dones e inspiraciones en la primera mitad del siglo XIX, para que apoyaran a la Iglesia en el cumplimiento de su misión.

 

El carisma de San Vicente Pallotti

 

Ante el agravamiento de los problemas que la Iglesia de su tiempo debía enfrentar en relación a la fe y ante la multiplicación de sus funciones en la difusión del evangelio en las misiones, Pallotti advirtió la urgencia de reavivar la fe y reencender la caridad entre los católicos para llevar a todos los hombres a la unidad de la fe en Cristo. A tal fin consideró indispensable asegurar la colaboración de todos los miembros de la Iglesia, tanto del clero como del laicado, y unir sus esfuerzos para promover con mayor eficacia su misión apostólica.

 

Su ideal y fundación

 

Él estaba convencido de que todos los miembros del pueblo de Dios están llamados al apostolado, como una obligación que deriva del precepto de la caridad –el mayor mandamiento del Señor– que impulsa a todos a procurar la salvación del prójimo tanto como la propia.

Además, sabía que las iniciativas de cada uno obtienen mayor eficacia si están unidas y dirigidas a un fin común. Por eso fundó la Unión del Apostolado Católico, a la que le confió la tarea de despertar en todos los católicos una profunda conciencia de su vocación al apostolado y de reavivar en ellos la caridad para llevarla a su pleno cumplimiento.

 

Aprobación de la Iglesia

 

La Unión del Apostolado Católico fue aprobada por el cardenal vicario Carlo Odescalchi el 4 de abril de 1835 y luego por el papa Gregorio XVI, por rescripto del 11 de julio del mismo año.

En los documentos del Concilio Vaticano II encontramos una confirmación de la convicción de San Vicente Pallotti: que la eficiencia apostólica de la Iglesia sólo alcanza su pleno desarrollo si todos los fieles toman conciencia de que deben colaborar en su misión[1].

 

Fin de la Unión

 

El carisma de San Vicente Pallotti es herencia de la Unión del Apostolado Católico. Sus miembros hacen propios los ideales del Santo y se proponen reavivar la fe y la caridad entre los católicos, inspirarles una profunda conciencia de su vocación personal al apostolado y exhortarlos a cumplirla. Se empeñan en reforzar la unidad entre los católicos y se disponen a hacer converger sus acciones apostólicas en la Iglesia para que su misión sea más eficaz.

Promueven la unión y la solidaridad de todos los cristianos. Se dedican a llevar el anuncio de la salvación a quienes aún no la conocen, y se empeñan en mantener despierto en todos los cristianos un interés activo por las misiones. Además, su apostolado comprende actividades caritativas y sociales para llevar alivio a necesitados de toda condición y para ayudar a que todos a vivan con dignidad humana en la justicia y en la paz. Por lo demás, no sólo se preocupan por conseguir los medios necesarios para esas funciones sino que imploran sobre ellos la bendición divina, con ofrendas, oraciones, sacrificios y buenas obras.

 

Selección de actividades

 

La Unión del Apostolado Católico, en su intención de ser útil a todos los hombres, está abierta a las diversas culturas de los pueblos y se adapta a las circunstancias mudables de los tiempos. Sus actividades están determinadas por las necesidades de la Iglesia, a la cual Cristo confió el apostolado, a cuyo servicio San Vicente Pallotti puso su fundación desde el principio.

 

Los miembros de la Unión

 

La Unión del Apostolado Católico está abierta a todos los miembros del pueblo de Dios: clero, institutos de vida consagrada y laicado, que se pueden asociar a grupos ya organizados de la Unión o ser admitidos individualmente. Los institutos de vida consagrada y los grupos ya organizados son admitidos como tales. A la Unión pertenecen desde su fundación la Comunidad de Sacerdotes y Hermanos, conocida con el nombre de Sociedad del Apostolado Católico, la Congregación de las Hermanas del Apostolado Católico y la Congregación de las Hermanas Misioneras del Apostolado Católico. A ellas, con la debida aprobación, se han colaborador otras comunidades de diferente denominación que se profesan, de igual modo, inspiradas por los ideales de San Vicente Pallotti. Tales Institutos, fundados por San Vicente Pallotti o constituidos más recientemente en diversos tiempos, se dedican totalmente a realizar las funciones de la Unión.

 

Unidad de los miembros

 

Todos son verdaderos miembros de la Unión. Animados por el mismo espíritu y por un común compromiso apostólico, forman un solo cuerpo moral y participan de los beneficios espirituales propios de la Unión. La coordinación de las iniciativas para promover el espíritu común y la colaboración en las funciones apostólicas, las establecen los superiores competentes, de mutuo acuerdo y en pleno respeto a la autonomía de cada una de las partes.

 

La función de la SAC. y de las Hermanas del Apostolado Católico en la Unión

 

La comunidad de sacerdotes y hermanos y las congregaciones de hermanas del Apostolado Católico tienen la función de garantizar la unidad y la eficacia apostólica de toda la Unión.

 

Espíritu y modelo

 

Los miembros de la Unión del Apostolado Católico se proponen imitar a Jesucristo, Apóstol del Eterno Padre (cf. Jn 20, 2 1; Hb 3, 1) impulsados en sus actividades por su caridad.

 

La Patrona

 

La Patrona de la Unión es María, Reina de los Apóstoles. Ella, que cooperó de modo tan especial en la misión salvífica de su Hijo, es modelo eminente de celo apostólico para todos los miembros de la Unión.


 


[1] El 28 de octubre de 2003, la Santa Sede procedió a la erección de la UAC como asociación pública internacional de derecho pontificio, con personería jurídica, y a la aprobación de su Estatuto General, con el Decreto 1330/03/S-61/A-74 del Pontificio Concilio para Laicos.