Jubileo de Canonización de San Vicente Pallotti
Espacio de reflexión y oración:
MES DE FEBRERO

“Hagan resplandecer la santidad de Dios”
El amor infinito de Dios está descripto y repetido en las obras de Pallotti
miles de veces en todas sus formas: están resumidas todas en el libro que lleva
precisamente por título “Dios Amor Infinito”
Él se siente llamado por Dios mismo a un
camino del cual describe la meta: “llegar a estar sumergido y como transformado
en Tu divino amor, en Tu infinita caridad y en Ti mismo” (IAI, med.VI)
Esta relación de amor entre el Santo y
Dios nunca es vivida de manera individual o para sí mismo. En San Vicente es
evidente, como prueba de su itinerario de santificación, la conversión casi
automática del amor de Dios en amor al prójimo.
La misma idea de una Unión para el
Apostolado Católico nace de haber descubierto, meditado, vivido personalmente
la inmensa grandeza del amor de Dios por sus creaturas.
No sólo por acumular méritos a los ojos de Dios, sino esencialmente por colaborar en realizar obras de amor visibles, es el único modo de hacer
conocer a Dios mismo, el amor invisible.
Lo que impulsó a Pallotti
a dar vida a esta institución es haber intuido la esencia misma de Dios y darla
a conocer a la mayor cantidad de gente posible, para gloria de Dios mismo (cfr. Mt. 5, 16): y el ejercicio
de la misericordia espiritual y corporal significa entrar en este circuito de amor
porque la Unión también tiene como fin la salvación de las almas (cfr. Mt. 25, 34 - 49).
Oración inicial:
Dios se ha hecho hombre,
para que el hombre se haga Dios (OOCC X 357).
Buscad a Dios y lo encontrareis:
Buscadlo en todas las cosas
Y lo encontrareis en todo;
Buscadlo siempre
Y lo encontrareis siempre (OCL II 126).
Meditación:
Dios Amor Infinito
¿Saben la razón por la cual el amor de
Dios es verdaderamente infinito?
Es que el amor de Dios para con nosotros
no tiene término de comparación. ¿Quién puede persistir en un amor en el cual
nunca es correspondido en el cual siempre tiende a perder? De hecho, cuando nos
ama, Dios siempre pierde. Y Tú lo sabes, y lo sabías antes que mi vida
comenzara a palpitar en el seno de mi madre. Y me amaste y me amas como si mi
amor fuera la única cosa que te interesa sobre la faz de la tierra. ¡Y es
exactamente la única cosa! Porque las estrellas, los mares, la primavera, los
volcanes enloquecidos, el canto de los pájaros, el vuelo de las mariposas no te
dicen nada. Solamente de las cuerdas del arpa de mi corazón puedes tener una
respuesta: la respuesta por la cual creaste el cielo y la tierra.
¡Oh mi Señor, aunque te amara con toda mis fuerzas y te amara tanto cuanto Tú
mereces ser amado, Tú perderías siempre, porque cuando yo comencé a amarte, era
ya una eternidad que Tú me amabas y me esperabas desde el inicio de los
tiempos. ¡Oh mi Señor, los inventos y la creatividad
de tu amor son magníficos, son un verdadero paraíso! Tu Amor vence el mío,
tanto cuanto los caminos del cielo son más luminosos que los de la tierra,
tanto cuanto el firmamento es más vasto que la cumbre de las montañas. El Amor
Infinito es como el sol que hace germinar a la flor y hace nacer al insecto; ni
la flor, ni el insecto podrán jamás retribuir todo el amor del sol […] ¡Oh mi Señor, Tú te considerarías feliz si mi amor fuera
grande como la luz de una luciérnaga o del tamaño de aquella flor que no es
mayor que la punta de un alfiler! Pero ni siquiera esto obtuviste de mí.
Sin embargo, Dios no se irrita por el
hecho de que no podamos igualarnos a su Amor; ni siquiera lo espera. Él mismo
hizo flores minúsculas como la punta de un alfiler y a las luciérnagas con
aquella luz que ora existe, ora no existe; y no se irrita porque aquellas
flores sean pequeñas y que la luz de las luciérnagas juegue a las escondidas;
las ama, antes y las conserva […] Tú me creaste; y ¿de qué te valió haberme
dado ojos para embriagarme de luz, oídos para embriagarme de sonidos y más aun,
un corazón para decirte sí?
Y Tú te obstinaste en amarme; tú te
hiciste hombre como yo y moriste por mí. Pero, ¿de qué te sirvió morir
desangrado en una cruz y haberme dado tu cuerpo y tu sangre? ¿Percibes, oh mi Señor, que Tú amas un trapo? ¿Vale la pena enamorarse
de un trapo?
¡Seguramente vale la pena! ¡Es este el
Amor Infinito: hacer de un trapo una vestimenta de fiesta nupcial! ¡Oh, mi Señor!...
Para que nuestro corazón se interrogue:
Ø
¿Qué sentimientos me despierta
el texto?
Ø
¿De qué manera
manifiesto a mis hermanos, el amor infinito de Dios que recibo?
Iluminación:
Dios es amor
“Queridos míos,
amémonos los unos a los otros,
porque el amor procede de Dios,
y el que ama ha nacido de Dios
y conoce a Dios.
El que no ama no ha conocido a Dios,
porque Dios es amor.
Así Dios nos manifestó su amor:
envió a su Hijo único al mundo,
para que tuviéramos Vida por medio de él.
Y este amor no consiste
en que nosotros hayamos amado a Dios,
sino en que él nos amó primero,
y envió a su Hijo
como víctima propiciatoria por nuestros pecados.
Queridos míos,
si Dios nos amó tanto,
también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
Nadie ha visto nunca a Dios:
si nos amamos los unos a los otros,
Dios permanece en nosotros
y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros.
La señal de que permanecemos en él
y él permanece en nosotros,
es que nos ha comunicado su Espíritu.
Y nosotros hemos visto y atestiguamos
que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.
El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios,
permanece en Dios,
y Dios permanece en él.
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene
y hemos creído en él.
Dios es amor,
y el que permanece en el amor
permanece en Dios,
y Dios permanece en él.”
Primera
carta de San Juan 4, 7 – 16
Bibliografía:
Manual de Formación de la Unión del Apostolado Católico.
Texto “O poema do Amor de Deus segundo S. V. P.”- Amoroso, F.